Ayer 12 de febrero de 2026 se publicó el nuevo Certificado profesional en Habilitación para la docencia en grados A, B y C del Sistema de Formación Profesional (RD 86/2026, BOE nº 38). Este certificado sustituye al anterior de Docencia y junto con cambios importantes como la duración (510 horas) y los estándares de competencias profesionales, cobra especial protagonismo la “Competencia digital docente”, lo cual nos alegra mucho. A este respecto, destacamos lo más relevante:
- En docencia ya no se trata únicamente de dominar un contenido técnico o una especialidad profesional. El marco normativo sitúa al docente como diseñador de experiencias de aprendizaje en entornos digitales, gestor de datos para la evaluación formativa y garante de la inclusión tecnológica del alumnado. En este contexto, la competencia digital deja de ser un complemento formativo para convertirse en una condición estructural de la práctica docente.
- En la propia competencia general del certificado (art.4), ya deja claro la importancia de que la práctica docente debe desarrollarse “asegurando la actuación didáctica y la competencia digital”, situando la tecnología educativa no como algo complementario, sino como parte del desempeño profesional docente.
- Dentro de las Competencias profesionales y para la empleabilidad (art.5) se contempla la de “s) Adaptarse a las nuevas situaciones laborales, manteniendo y actualizando los conocimientos científicos, técnicos y tecnológicos relativos a un entorno profesional, gestionando su formación y los recursos existentes en el aprendizaje a lo largo de la vida, utilizando las Tecnologías de la Información y la Comunicación y la Inteligencia Artificial (IA).”
- Se incluye de forma específica el Módulo profesional (art.8): “g) 1786. Competencia digital para la práctica docente. (30 horas)”, cuyos resultados de aprendizajes ilustramos a continuación:

Como conclusión, vemos cómo el nuevo certificado deja claro que para impartir docencia en la Formación Profesional ya no basta con ser especialista en un oficio o profesión, sino que el docente debe ser también mediador tecnológico del aprendizaje. La competencia digital no añade trabajo a la docencia, la redefine, porque permite diseñar experiencias más activas, evaluar mejor, personalizar la enseñanza y garantizar la inclusión del alumnado en contextos profesionales cada vez más digitalizados. En definitiva, en la FP actual enseñar bien implica también enseñar en digital, y quien no desarrolle esta competencia quedará desconectado de la realidad formativa y laboral que prepara.


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